jueves, 29 de diciembre de 2011

Jorge Sampaoli, el técnico revelación de 2011

Marcado por el estilo de Marcelo Bielsa, se instaló como un desconocido y, a razón de resultados, comenzó a grabar su nombre a nivel continental. Su llegada a la "U" de Chile terminó de consagrarlo, con la Copa Sudamericana como su premio mayor.



Durante los inicios de la década del 90, se formó, creció y aprendió mirando al "Loco" Bielsa en el Newell's Old Boys de sus amores. Viajaba frecuentemente desde su Casilda natal, en la provincia argentina de Santa Fe, para alentar y observar de cerca las extravagantes virtudes de ese entrenador que buscaba su lugar de privilegio en el fútbol de ese país. Veinte años después y luego de pasar por distintas profesiones, Jorge Sampaoli encontró su lugar del otro lado de la cordillera de los Andes y se ganó el reconocimiento tras la mayor proeza de la "U" en su historia.

"No hay una vinculación directa con Bielsa, sí con su filosofía. Cuando uno quiere ser entrenador, mira un montón de opciones y rescata lo mejor de cada uno. Yo me fui con esa únicamente y traté de generar algo que fuera mío, pero muy cercano a esa teoría", opinó el entrenador, en dialogo con Radio 1010 de Uruguay, ante la inevitable comparación de los medios internacionales. Más allá de su metodología de trabajo y entrenamiento, casi no concede entrevistas y le huye a cualquier vínculo con empresarios del fútbol.

Irrumpió en el fútbol sudamericano con una propuesta de fútbol audaz y despojado de inhibiciones. Como dicen los chilenos, Sampaoli es, sobre todas las cosas, "El Otro Bielsa". Con un plantel sin estrellas, construye un equipo capaz de agradar y ser reconocido por la entrega de sus intérpretes. Sus particularidades trascendieron las fronteras y llegaron hasta Europa.

"Sampaoli, como Bielsa, un obsesionado del método, de la ocupación territorial y la funcionalidad táctica, ha creado en un año un equipo que la prensa brasileña bautizó como el 'Barcelona de América'. Sampaoli, asceta como Bielsa, sedujo con la promesa de que podía perder o ganar, pero que no se detendría en retóricas sin contenido. Al final, atacó y ganó", remarcó el prestigioso diario español El País.


En su juventud, jugó en las inferiores de Newell’s, pero una grave lesión le quitó las posibilidades de crecer en el fútbol grande y lo obligó a regresar a su pueblo. Siguió jugando, pero el fútbol regional no ofrecía ingresos y tenía que cumplir otras funciones. Trabajó en un banco, luego fue juez de paz, profesión en la que celebraba matrimonios civiles y firmaba certificados de defunción. En ese momento, también tuvo la oportunidad de dirigir su primer equipo: Alumni de Casilda.

En mayo de 1996, Sampaoli tocó, por primera vez, el cielo con las manos, luego de que Eduardo López, presidente de Newell’s de aquel momento, lo contratara para dirigir a un equipo de la tercera categoría, Argentino de Rosario. Lo curioso fue el porqué del llamado: el directivo rojinegro lo encontró en una foto de diario trepado a un árbol para eludir la suspensión que pesaba sobre él y dirigir a su equipo, Alumni de Casilda, en un partido local.

Sus primeros pasos importantes fueron en el fútbol peruano. Entre 2002 y 2007 dirigió a Juan Aurich, Sport Boys, Coronel Bolognesi y Sporting Cristal. En 2008, desembarcó en Chile para dirigir a O'Higgins, y transformó a un equipo pequeño en gran protagonista: finalizó tercero y se clasificó para los playoffs, donde lo eliminó la Universidad de Chile. Luego voló a Ecuador para conducir al Emelec.

Una notable campaña lo dejó subcampeón en la temporada 2010 y el reconocimiento por el gran trabajo de su equipo lo llevó a la Universidad de Chile para afrontar su desafío más importante. Lo que siguió fue una cosecha de éxitos: ganó el Apertura, la Copa Sudamericana (primer título internacional para el club) y este jueves, con un empate ante Cobreloa como local, se adjudicará la final del Torneo Clausura.

En el camino, se mantuvo invicto durante 36 encuentros y realizó la mejor campaña en la historia de las competiciones sudamericanas. Jerarquizó el nivel de sus futbolistas y capitalizó a la institución: el delantero Eduardo Vargas fue transferido al Napoli en 14,8 millones de dólares. Dinero con el que los dirigentes tienen pensado construir un estadio propio.

En un año al frente de los "Azules", su paso fue similar al de Bielsa: cuestionamientos y desconfianza al principio y superhéroe al final. Ahora lo piden como sucesor de Claudio Borghi, lo votan para mejor entrenador de América, los periodistas le piden perdón, los jugadores hablan maravillas de su trabajo. Ya no tiene que cumplir funciones de banquero, ni declarar "marido y mujer" a nadie, ni treparse a un árbol para salir en un diario, ni rogar por un trabajo. El pichón de Bielsa ya marcó su huella y registró su propia impronta en el mundo del fútbol.


Por Emiliano Lentini.

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