martes, 4 de marzo de 2014

Juanma Lillo, un ejercicio de dispersión consciente.

Juanma Lillo no es un entrenador al uso. Su personalidad tampoco es convencional. Su oratoria mucho menos. 
Hombre de pensamiento profundo, concreta sus elucubraciones de modo conciso o con una exposición extensa. Lo de menos es la forma, porque fondo hay de sobra. A sus 46 años, el preparador vasco sostiene sobre sus espaldas una amplia carrera en los banquillos. Ha llovido bastante desde sus inicios en el Tolosa (el equipo de su pueblo), el Mirandés y la Cultural Leonesa. Su posterior etapa en el Salamanca incluyó dos ascensos consecutivos.
 Partió de Segunda B y llegó a Primera División como el técnico más joven en debutar en la categoría (29 años).

Esta plusmarca de precocidad no pasó desapercibida. Oviedo, Tenerife y Zaragoza fueron las siguientes estaciones en una ruta que estuvo a punto de llevarle al Camp Nou. La candidatura a la presidencia del FC Barcelona de Luis Bassat, en 2003, incluía a Pep Guardiola en el puesto de director deportivo. El actual míster culé, fiel amigo y admirador de Lillo desde hacía tiempo, propuso su nombre para el banquillo del Barcelona en caso de que el reputado publicista ganase las elecciones. Al final, Laporta fue el vencedor de aquellos comicios y Juanma no pudo dirigir al Barça.
Su tránsito por Ciudad de Murcia y Terrassa, ambos en Segunda División, ejerció como preludio de una de las experiencias que el tolosarra evoca con más cariño: el paso por el Dorados de Sinaloa mexicano. Solo estuvo una temporada (2005-2006), tiempo suficiente para que el fútbol de Dorados impactase a los aficionados del país azteca. La Real Sociedad, el equipo de su corazón, y el Almería han sido los últimos conjuntos a los que ha entrenado. Lleva desde noviembre de 2010 sin pisar un banquillo, pero sus inquietudes intelectuales le alejan del tedio o la monotonía. Mientras tanto, ha calmado su ansiedad futbolística con sus comentarios en Gol Televisión, cadena con la que dejó de colaborar hace unos meses.
Considerado el inventor del 4-2-3-1 y el juego posicional, a Lillo no solo le avalan los sistemas tácticos. Los futbolistas que ha tenido no dudan en alabar su carácter y métodos (Paulo Bento, Oli, Makaay o Xavi Aguado son algunos ejemplos). Incluso ha contado con el apoyo explícito de las plantillas a su cargo en momentos complicados, como las destituciones en Salamanca y Zaragoza. Pero los currículos tienen una importancia relativa. La hoja de servicios se completa conociendo a la persona y su contexto, vocablo muy del gusto de Juanma.
Partió de Segunda B y llegó a Primera División como el técnico más joven en debutar en la categoría (29 años).
Esta plusmarca de precocidad no pasó desapercibida. Oviedo, Tenerife y Zaragoza fueron las siguientes estaciones en una ruta que estuvo a punto de llevarle al Camp Nou. La candidatura a la presidencia del FC Barcelona de Luis Bassat, en 2003, incluía a Pep Guardiola en el puesto de director deportivo. El actual míster culé, fiel amigo y admirador de Lillo desde hacía tiempo, propuso su nombre para el banquillo del Barcelona en caso de que el reputado publicista ganase las elecciones. Al final, Laporta fue el vencedor de aquellos comicios y Juanma no pudo dirigir al Barça.
Su tránsito por Ciudad de Murcia y Terrassa, ambos en Segunda División, ejerció como preludio de una de las experiencias que el tolosarra evoca con más cariño: el paso por el Dorados de Sinaloa mexicano. Solo estuvo una temporada (2005-2006), tiempo suficiente para que el fútbol de Dorados impactase a los aficionados del país azteca. La Real Sociedad, el equipo de su corazón, y el Almería han sido los últimos conjuntos a los que ha entrenado. Lleva desde noviembre de 2010 sin pisar un banquillo, pero sus inquietudes intelectuales le alejan del tedio o la monotonía. Mientras tanto, ha calmado su ansiedad futbolística con sus comentarios en Gol Televisión, cadena con la que dejó de colaborar hace unos meses.
Considerado el inventor del 4-2-3-1 y el juego posicional, a Lillo no solo le avalan los sistemas tácticos. Los futbolistas que ha tenido no dudan en alabar su carácter y métodos (Paulo Bento, Oli, Makaay o Xavi Aguado son algunos ejemplos). Incluso ha contado con el apoyo explícito de las plantillas a su cargo en momentos complicados, como las destituciones en Salamanca y Zaragoza. Pero los currículos tienen una importancia relativa. La hoja de servicios se completa conociendo a la persona y su contexto, vocablo muy del gusto de Juanma.
La primera toma de contacto fue algo fría, pero la confianza que emana de toda conversación cordial derriba barreras, también la suya. Con una comida en el restaurante Sula de por medio, Quality Sport departió durante un par de horas con el técnico de Tolosa, incapaz de dejar indiferente a nadie. Sus recovecos dialécticos le llevan a hablar con el mismo interés de Schopenhauer, Borges o Roberto Baggio. Y de sus queridos Guardiola e Iniesta, claro está. Sus reflexiones parecen dispersas, pero después del caos llega el orden. Para comprobarlo, basta con entrar en el juego, o al menos intentarlo. Sin especular, como le gusta a Juanma.
En los banquillos
Etiqueta: Me han puesto la fama de que he descendido a muchos equipos. Incluso han inventado descensos de clubes a los que ni siquiera he dirigido, en ese afán del ser humano por alimentar sus prejuicios. A veces llegamos hasta ese punto de inventar realidades a nuestra medida. Nunca he bajado con ninguno, aunque es algo que me puede pasar mañana y eso no me convertirá ni en mejor ni en peor entrenador. Igual que tampoco he subido ‘a’ nadie, sino ‘con’ alguien. Curiosamente, siempre que me han cesado los números de esos equipos han empeorado, aunque tampoco uso este dato para vanagloriarme.
Entrenador precoz: Me planteé ser entrenador cuando me dijeron que no podía ser jugador porque me faltaban condiciones. La misma persona que me dijo eso, Demetrio Terradillos, me comentó que me veía como entrenador. Fui técnico con 16 años y tenía que estar pendiente de que fueran bien sentados en el tren chavales mayores que yo. No sé si me dio vértigo ser entrenador en Primera con 29 años. Esas cosas no te las planteas cuando estás en el ajo. Cuando las miras con visión retrospectiva, puede.
Víctima de la violencia en el fútbol: Una vez recibí un botellazo que iba para el árbitro. También me tiraron un hielo con una piedra dentro.
 Nunca esperas que te vayan a pasar esas cosas. De todas formas, el padre del chico que me golpeó ahora es buen amigo mío y hablamos de continuo. A las ocho de la mañana del día siguiente estaba en el campo de entrenamiento y desde entonces mantenemos una relación muy agradable.

Experiencia mexicana: En América me tienen cariño porque Dorados de Sinaloa jugó muy bien conmigo. Le ganamos al América 2-0 y perdimos tres partidos en todo el torneo. Al llegar a México, cuando me preguntaron que por qué había ido a entrenar allí, les dije que veía fútbol mexicano a las 2, a las 4 y a las 6 de la mañana, porque me encantaba. Cuando llegué había visto a nuestro primer rival. Se pensaban que les estaba tomando el pelo. Es verdad que en México hay muchos problemas de inseguridad. Sinaloa es uno de los centros mundiales del narcotráfico, pero también es verdad que en la sociedad occidental actual hemos construido otro tipo de violencias, menos visibles pero igual de dañinas. Hubiese continuado en México. De hecho, estuve a punto de ir a otro gran equipo de allí. Para mí sería muy grato regresar.
Repaso a la actualidad
Fijación por Chigrinski: En el momento que fichó por el Barça era uno de los mejores centrales de Europa. Le venía muy bien al equipo porque ya traía el juego de posición aprendido. El contexto no fue amable con él, pero quizá ahora, más maduro, le hubiese ido fenomenal.
¿España campeona de la Eurocopa?: Está claro que ningún equipo va a estar a la altura de España. Le pasa como al Barça. Puede perder contra cualquiera, porque este es un juego de azar, pero no le puede ganar nadie. Solo hay un balón, pero si hubiese otro en el campo igual también se quedaban con él.
Jugadores predilectos: España tiene a casi todos. Es interesante que hayan coincidido temporalmente en la zona del campo donde más se juega. Allí donde más se invierte en el juego y donde más cuesta convertir los estilos del equipo. Los mejores centrocampistas del mundo son españoles. Emociona ver las interacciones que tienen entre ellos y las sinergias que van desarrollando. Hay tanto nivel que futbolistas como Borja Valero, Isco o Arteta (pieza clave en el Arsenal de Wenger) no tienen cabida. En otros países muy pocos jugadores tienen estas características. Xavi, Cesc, Silva o Xabi Alonso son maravillosos, aunque el que más me emociona es Iniesta, por su capacidad de mejorar los contextos y cualidades de los demás. Sin duda, Messi es el más eléctrico. Casi todos los balones que coge suelen acabar en la red. Por el contrario, no me gustan los jugadores en los que la pelota muere. Creo que en el fútbol, como en el pádel, un deporte que practico ahora, hay que ser pudoroso y jugar de manera que el tanto no acabe en mi raqueta. En la Selección da mucho pudor que la pelota muera en tus pies a no ser que estés rematando.
¿Madrid o Barça?: A mí me gusta, como a todo el mundo, ver jugar al que hace todo lo posible para que los partidos vayan al lugar que quiere. Eso solo se puede conseguir a través del balón, porque pelota solo hay una. Eso lo hace el Barça. Si lo hiciera el Madrid me encantaría el Madrid. Los movimientos que no intervienen en el juego también tienen un sentido: facilitar la situación de juego al que tiene el balón. Es un estilo que lleva bastante tiempo instalado en Barcelona. Además de Guardiola, también Laureano Ruiz hizo varias cosas en su día, y Van Gaal aportó mucho método.
Su querida Real: No sé si la Real Sociedad puede vivir de la cantera, porque está en el grupo de equipos que si tienen un mal año se van para abajo. Ahora tiene una gran generación con Iñigo Martínez, Rubén Pardo, Asier Illarramendi… Eso por decirte chavales. Como siempre, hay una generación intermedia (Agirretxe, Xabi Prieto, Mikel González, Griezmann…) que tiene buen nivel y los más mayores (Aranburu) rinden bien mientras generan un ejemplo de conducta y comportamiento en un colectivo. Eso es un valor en sí mismo.
Mourinho: No le conozco. Me acuerdo de haberle saludado cuando era entrenador asistente en el Barça, y desde entonces no le he visto más. No puedo hablar de él porque no le conozco, pero tiene un punto de partida metodológico que comparto mucho. Vítor Frade también aportó al estilo.
Del Bosque: Es un genio y una persona muy sensata. En Salamanca le quieren mucho. Hace años no podía esperar todo lo que ha venido después. Él estaba en la cantera del Madrid y le llamaron para el primer equipo. Ahí empezó todo.

 Guardiola: Después de un Oviedo-Barça, en el que perdimos 2-4, vino al vestuario porque quería hablar conmigo. Me dijo que se notaba que había mucho trabajo detrás de mi equipo y me preguntó si podíamos mantener el contacto. Lo que empezó como una relación profesional ha terminado en gran amistad. A Pep ahora todo el mundo le quiere porque gana, pero también demostró en el pasado su validez cuando le tocó
 atravesar momentos duros, como su salida del Barça, la llegada al Calcio o cuando le acusaron de mala manera con el doping. Esos momentos los viví personalmente.
Estilo y vida profesional
Pasión por los libros: Compro libros compulsivamente. Soy de los que van a la tienda a elegirlos, nada de comprarlos por Internet. Tengo más de 7.000 libros no deportivos y casi 2.000 deportivos. El problema es que no me da tiempo a leerlos. Al final, más que disfrutar me agobio. ¿Mis libros favoritos? Depende del momento, edad, situación… No paso mucho tiempo delante de las máquinas. Hay tantos buenos libros o películas por ver… Me cuentan que hay gente que lee a través de una pantalla. ¿Cómo lo hacen? ¡Si se pierde toda la esencia! Me gusta mucho el olor y el tacto que poseen los libros.
Trato con la prensa: Me parece que el periodismo ha engullido al periodista. El mecanismo es tan grande que está absorbiendo al individuo, como pasa en el fútbol. Con el periodista en sí tengo buena relación, pero cada vez me cuesta más ponerme ante un periódico. Uno ya conoce los intereses que subyacen. El libro ‘Mentiras: Viaje de un periodista a la desinformación’, de Xavier Mas de Xaxàs, me ayudó mucho a entender este mundo.
Culto a las apariencias: Uno alucina cuando va al colegio a dejar a su hijo y ve a mujeres emperifolladas para 30 segundos que van a estar ahí. Piensas que se han levantado a las seis de la mañana para arreglarse y que el desayuno se lo habrá tenido que poner el niño. Como dice Dante Panzeri en su libro ‘Fútbol, dinámica de lo impensado’: “En la lucha por parecer se nos ha olvidado ser”.
Elogio de la duda: Una vez escuché a Charo López, una mente superlativa, hablar con Jesús Quintero, un fabuloso periodista que es capaz de hacer pasar por inteligentes a personas que no lo son. Charo respondió varias veces “no sé”. Es una maravilla que alguien conteste “no sé” sin que le dé miedo aparentar que no sabe. La gente te hace una pregunta para que respondas algo determinado, lo que quieren ellos. Decir “no sé” me parece la mayor manifestación de inteligencia. Sin embargo quedas como tonto si respondes así. Me asusta ver a la gente contestar con tanta seguridad.
Apoyo de los seres queridos: La familia nunca ha sido un impedimento en mi carrera. Mi mujer, Cristina, es increíble. Todavía sigue conmigo después de 30 años, así que fíjate si tiene mérito. Ella es la que se merece ser entrevistada. En casa no hablamos de fútbol. Hablas de lo que te pasa durante el día, que muchas veces tiene que ver con el fútbol, pero no del juego en sí. Yo no inicio conversaciones de fútbol en casa, pero si me pregunta mi crío por algo, cómo no le voy a contestar.
Relación con sus jugadores: Tengo buena relación con varios futbolistas. El valor de un entrenador se basa en lo que dicen sus jugadores de él.
Culto al pasado
Nostalgia: El fútbol para mí tiene un punto de bifurcación en los años 90. ¿Alguien recuerda el Mundial de Italia? ¿Y el de EEUU? En los años 50 y 60 era una maravilla ver a Hungría. También debió existir una Austria impresionante. La Bulgaria del 66 me entusiasmó. En el Mundial del 70, además de Brasil, me impactó Rumanía, aunque nadie hable de ellos. Selecciones como Checoslovaquia o Hungría jugaban muy bien al fútbol, de una manera asociada. Ahora ves el fútbol de hace 50 años, que es pasado, y sin embargo no sabes lo que va a pasar. En cambio, ves los partidos de ahora, que todavía no han sido, y ya sabes lo que va a ocurrir. Ahora estoy viendo el Mundial de 1970 entero. Es una pasada.
Históricos predilectos: Al mejor de todos los tiempos, que es Maradona, me hubiese encantado verle sin que él hiciese todo lo posible por no ser el mejor. Diego conspiró contra sí mismo. Potencialmente no sé adónde podría haber llegado. Beckenbauer me parece que está también entre los más grandes. Disfruté más con él en el Mundial de Inglaterra que en el de México. Luego, en Alemania’74, gana el Mundial como líbero. Ahí es cuando peor se encontraba.
Reflexiones sobre el juego
Pionero táctico (4-2-3-1): Ahora me estoy preocupando mucho de hacer una interpretación del juego de los años 30 para adelante. Quiero que cuando hable de Pelé, Vavá o Didí lo haga con propiedad, y no bajo la dictadura del tiempo que estamos viviendo. No pretendo caer en eso. La Hungría de los años 50 y 60 me está gustando mucho, aunque no fue su influencia lo que me llevó a desarrollar el 4-2-3-1 en la Cultural Leonesa, sino otro tipo de cosas. Me movía el afán por no jugar con mucha gente cerca del área, sino con gente que apareciera desde atrás. Entonces la regla del fuera de juego favorecía, no como ahora. Quería alinear a cuatro delanteros que se moviesen cerca sin llegar a estar juntos. Esas fueron las inquietudes que me llevaron a desarrollar el 4-2-3-1 y el juego posicional. No evalúo el juego desde los sistemas, porque los sistemas no existen. Solo son una ocupación espacial de inicio y casi ni eso. Para mí, defensa y ataque como tales no existen. Existe el juego como una unidad funcional y global, donde la diferenciación semántica se divorcia de la mejora de interpretación del juego del futbolista.
Ahora los niños no juegan a fútbol, sino que juegan por puestos. “Soy mediapunta”, dicen. Luego nos quejamos de que los jugadores no saben leer el juego. El juego se puede interpretar, no leer. Por eso Iniesta es el mejor jugador del mundo, porque va muy unido al juego. Nunca he visto a un equipo que esté bien colocado con balón y mal sin él. Este es un matiz para demostrar que la defensa y el ataque en sí no existen. La percepción errónea de su existencia procede de las teorías de deportes colectivos como el baloncesto o el balonmano, donde hay un tiempo determinado para tirar o hacer los cambios para atacar o defender. El fútbol es una actitud, una unidad funcional dentro de la cual hay que tener la pelota para que no te hagan daño.

Contra los automatismos: Un ser vivo no puede ser automático, como si fuera una máquina. Puede haber una serie de regularidades en su comportamiento, pero no automatismos. Mucho menos en un juego en el que interactúan 22 personas. Nunca puedes pensar la misma cosa con el mismo cerebro.
Esencia del fútbol: En el fútbol actual la guarnición se ha comido al solomillo. Los 90 minutos ya no importan tanto. Para la gente, los partidos se juegan más durante la semana, en los medios de comunicación, que el sábado o el domingo. Si hay algo alejado de su esencia es el fútbol, aunque no menos que la sociedad. Saramago decía que si hay optimistas es porque les va bien o no se enteran de nada. Yo amo tanto al fútbol que cada día me resulta más difícil la convivencia con el mundo del fútbol. Todo lo periférico se ha convertido en el núcleo. Al entorno del fútbol cada vez le interesa menos el juego.
Resultados no son valor absoluto: Ningún entrenador puede asegurar resultados a nadie. Es lo que tiene el fútbol. Puedes hacer las cosas bien y tener malos resultados o viceversa.

Autores: Nacho Labarga/Javier Brizuela
Fotografías: Juan Flor


"El entrenador debe saber tratar al grupo como personas de lunes a sábado y el domingo hacerlo como jugadores"   Juanma Lillo.


                                                             Óscar Méndez Albano.

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