jueves, 2 de agosto de 2012

MUCHO MÁS QUE UN MOMENTO DE JUEGO.


Autor:
Sellés Salvador, Rubén

 LICENCIADO EN CIENCIAS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y DEL
DEPORTE (IF.C.A.F.E.). Universitat de València.
ENTRENADOR DE FUTBOL (Nivel II).
Introducción.
La evolución del área definida como “táctica” dentro del fútbol, ha sido
tardía en comparación con el estudio de otras estructuras del fútbol como
la estructura condicional o la estructura coordinativa. Desde el comienzo
de los Congresos Mundiales de Ciencia y Fútbol en el año 1987, el reducido
porcentaje de estudios y ponencias específicas sobre táctica, se ha ido
incrementando de manera gradual, favoreciendo el desarrollo de esta área
(Pino Ortega, 2002).
Desde la creación de las primeras normas de fútbol por la International
Board en el año 1886, la evolución del juego ha sido un factor decisivo para
convertirse en uno de los deportes de equipo más populares en el mundo.
Las características esenciales del fútbol, se han mantenido invariables
desde su creación, siendo definido como “deporte de equipo de
colaboración- oposición, que se juega en un espacio semisalvaje, común, y
con participación simultánea” (Hernández Moreno, 1994). El fútbol, tiene en
la “interacción motriz” su peculiaridad más representativa (Parlebas, 1988).
La incertidumbre social en el que se desarrollan los acontecimientos,
marca de forma definitoria, uno de los rasgos de su lógica interna
(Parlebas, 1988).
Dentro de la definición altamente conceptual de Hernández Moreno, se
encuentra la esencia del fútbol como deporte de equipo, sujeto a unas
características básicas que comparte con otros deportes. Es precisamente
su estructura la que permite, mediante el uso de la posesión de balón como
indicador determinante (tal y como indica Benito Floro), la composición
del juego en diferentes momentos. Si bien autores como Barea Villegas
(2009) afirman que tanto en el fútbol como en otros deportes de
colaboración oposición únicamente existen dos fases de juego marcadas
por la posesión o no del balón; otros autores enmarcados en la línea de
este artículo como Mourinho (en Oliveira y colaboradores, 2007), Amieiro
(2007) o González y colaboradores (2007), definen cuatro momentos de
juego, incluyendo las transiciones como momentos específicos, y no como
parte de la fase ofensiva o defensiva.
Estos cuatro momentos de juego son:
Momento ofensivo. Equipo en posesión de balón, posicionado para
realizar el ataque.
Transición ataque-defensa. Equipo pierde la posesión de balón.
Momento defensivo. Equipo sin posesión de balón, posicionado para
realizar la defensa.
Transición defensa-ataque. Equipo recupera la posesión de balón.

  
Dentro del plano conceptual en que se encuentra enmarcado este artículo,
compartimos la idea proporcionada por Amieiro (2007) al afirmar que “no
existe el ataque o la defensa por separado, existe una relación continua
ataque-defensa-ataque…”, lo que denominamos en este artículo
“continuum o dinámica de juego”. Este continuum o dinámica de juego
permite conocer siempre el siguiente momento de juego, porque, tal y
como señala el mismo Amieiro (2007) “el siguiente paso tras la posesión de
balón es la perdida de la misma y viceversa”. El equipo que no sea
consciente de la realidad cambiante del juego y de los momentos que en él
acontecen, estará obviando la naturaleza propia del juego.
A menudo se contempla el modo de atacar o defender de un equipo
obviando los momentos de articulación entre ambos. Son las transiciones
los momentos que permiten dar un sentido unitario y lógico al juego.
Este artículo pretende aportar una continuidad en la evolución por la
comprensión del juego, explicando desde un punto de vista lógico y
contextualizado las transiciones dentro del juego.
Comenzamos…
Definición.
En este apartado, la recopilación de las definiciones más significativas
encontradas en la literatura especializada de la palabra transición, va a
facilitar la comprensión global del concepto, evitando el parcialismo
definitorio encontrado en algunas de ellas.
Para ello, la primera definición que revisamos es de la Real Academia
Española de la Lengua, que define la palabra transición como “Acción y
efecto de pasar de un modo de ser o estar, a otro distinto”; en base a esta
definición encontramos la palabra “cambio” como sinónimo más aclarador.
Ambos conceptos lingüísticos permiten establecer un punto de partida
hacia la definición específica de la palabra transición dentro del “argot”
futbolístico.
Es Esnal Pardo (2008), quién realiza la definición más simple de las
transiciones en el fútbol, señalando la palabra transición como “el paso de
la fase defensiva del juego a la fase ofensiva, y viceversa”. La simplicidad
de la afirmación reduce al momento de pérdida o ganancia de la posesión
de balón, sin matizar otros aspectos importantes como la preparación de la
siguiente fase de juego en la fase previa, o las implicaciones cognitivas
que acontecen.
Al igual que Esnal Pardo, Álvaro (1995), define de forma breve la transición
como “fase del juego en la que la posesión de balón no está definida por
ninguno de los dos equipos (disputa de la posesión)”. Esta definición ha
sido utilizada como base en diversos artículos como Vales (1996) o Lotina y
Domínguez (2006).
Dentro del análisis de la definición de Álvaro (1995), surgen varias dudas
en la concepción y explicación de la transición; por ejemplo: Estamos de
acuerdo en que en los momentos en que no está definida la posesión de
balón, nos encontramos en una transición, pero ¿Podemos limitar la
transición exclusivamente a estos momentos? Si tenemos esta visión
reduccionista de la transición, principios como la salida de balón de la
zona de robo dentro de la transición defensa – ataque, o el cambio de
orientación seguido del robo en el mismo tipo de transición, no tendrían
cabida.
  
En apoyo a nuestro punto de vista, Cuadrado (2006) afirma que “el instante
de robar debe estar claramente separado del instante de jugar”,
marcando que “el jugador que inicie la fase de ataque debe ser el que recibió
el balón de quién se lo robo previamente al adversario, con excepciones”. Así, el hecho de que haya principios de juego en las transiciones, que no estén definidos en el momento ofensivo ni en el momento defensivo, provoca que la definición de
las transiciones deba ser más amplia que únicamente todos los momentos en
que no está definida la posesión del balón.
Méndez Albano define la transición como la “capacidad de un equipo de
pasar rápidamente de defensa a ataque o de ataque a defensa…”; y añade
que “el manejo de la misma (refiriéndose al momento de transición) no
tiene nada que ver con el estilo o forma de juego del cuerpo técnico o del
equipo”. En la primera parte de la afirmación, incorpora el concepto
rapidez a la definición, otorgándole a la transición un ritmo o velocidad de
ejecución válida para realizar la acción con éxito. Sin embargo, es en la
segunda parte de la afirmación en la que discrepamos por completo.
Ante la comprensión global del juego, incluidos los cuatro momentos o
fases del juego, no podemos obviar dos de los momentos, pues daría lugar
a un conocimiento parcial de toda acción de juego real. En la preparación
para la competición, un equipo debe conocer los aspectos más relevantes
del juego, y realizar un planteamiento lógico y armónico, que permita la
coherencia en cada una de las partes, pues cada una de las partes
representa el todo y viceversa.
En defensa de nuestro punto de vista, Cuadrado Pino (2008a), define las
transiciones como “La clave para orientar el juego del equipo y hacer que
la jugada inmediata, de ataque o defensa, se realice bien. En la preparación
las transiciones reside un aspecto fundamental para los posteriores
movimientos del equipo en ataque y en defensa”. Y, como complemento a
esta afirmación, es Amieiro (2007) quién expone la transición en el fútbol
como “articulación de sentido entre la organización defensiva y ofensiva” y
denomina “error” el plantear dicha articulación de momentos sin sentido.
También Guilherme Oliveira (2007), defiende la armonía de todos los
momentos del juego basados en un mismo modelo explicando que “la
transición que existe de la defensa para la organización ofensiva es una
transición acorde a lo que pretendemos y que no nos resulta extraña”.

Es decir, lejos de la afirmación realizada por Méndez Albano, las
transiciones en el fútbol SI que deben formar parte del modelo de juego del
cuerpo técnico o del equipo, facilitando la comprensión global del juego,
debido a su papel de mantenedores del continuum o dinámica de juego,
articulando el cambio entre momento defensivo y momento ofensivo.

Tras las diversas características expuestas en los momentos anteriores, la
definición de transición va adquiriendo mayor complejidad como
consecuencia de los comentarios generados a partir de las definiciones
mostradas. González y colaboradores (2007), exponen su definición de fase
de transición, como “el paso de una fase a otra” y consideran la transición
“como una fase del juego mucho más amplia, que se inserta
indispensablemente en la fase anterior (con los movimientos
preparatorios), y en la fase posterior (con el despliegue en caso de pasar al
ataque y con el balance defensivo caso de pasar a la defensa)”.
Gracias a la definición de González y colaboradores, el momento de
transición adquiere un carácter temporal mayor, ampliando la idea de que
la transición propuesta por Esnal Pardo (2008) es una “fase muy breve en
su desarrollo”, y comprobando su importancia dentro del modelo de juego.
La idea de la inserción de la transición en la fase anterior y posterior,
permite completar la comprensión del juego de un modo global, imparcial,
dentro de un modelo de juego definido.
Lotina y Domínguez (2006), comparten la idea de que la transición forma
parte del continuum o dinámica de juego, siendo una fase de juego mucho
más amplia, y que tiene relación directa con los momentos anteriores y
posteriores a la transición. Pero, añaden la transición ataque-defensa
dentro del momento defensivo, y la transición defensa-ataque dentro del
momento ofensivo. Afirman que la fase ofensiva “incluye la transición
desde la fase defensiva hasta el ataque tradicionalmente llamado
contraataque”, y que la fase defensiva “incluye la transición desde la fase
de ataque hasta la defensa habitualmente conocida como repliegue o
balance defensivo”.
Es la propia naturaleza del juego la que define cuatro momentos de juego
distintos, en directa relación, compartiendo espacialidad y temporalidad en
ocasiones, pero nunca enmarcando de manera directa y completa un
momento de juego dentro de otro, tal y como defienden González y
colaboradores (2007) en oposición a Lotina y Domínguez (2006).
Conocidas todas las definiciones de transición aplicada al fútbol, y
teniendo como base nuestro modo particular de entender, podemos definir
la transición como “momento de articulación del juego entre el momento
ofensivo y el momento defensivo (y viceversa), que permite el continuum
del juego, está insertado en los momentos inmediatamente anteriores e
inmediatamente posteriores, y forma parte de la comprensión global del
juego”.

La importancia de las transiciones.
”Le damos mucha importancia a las transiciones, porque creo que en el fútbol moderno se basa todo en transiciones ataque-defensa y defensa-ataque”.
(Pepe Mel, en Cuadrado Pino 2008b).
La transición en el fútbol moderno, se ha convertido en un factor clave para
el desarrollo del juego, no debido a la inexistencia de la transición en
épocas anteriores, sino al amplio desarrollo de los medios y métodos de
conocimiento del juego. Jesualdo Ferreira (en Amieiro, 2007) afirma que
“es en las transiciones donde está el secreto del juego actual”, y añade que
“equipos terribles son los que disminuyen el tiempo entre recuperar el
balón y atacar, y entre perderlo y defenderse”. Es precisamente en los
momentos que se insertan en la fase posterior de la transición, en los que
podemos mejorar de manera más evidente, superando al rival todavía en
desequilibrio, tal y como indican González y colaboradores (2007).
Y es que, la transición ya no se comprende cómo momento puntual de
recuperación o de pérdida de la posesión de balón, es mucho más. Forma
parte de modelos de juego definidos, del entrenamiento cotidiano, de la
preparación de los partidos y de la concepción global del juego.
Las fases de transición permiten definir características básicas del juego,
tal y como señala Cuadrado Pino (2008a) “en las transiciones defensa –
ataque, ataque – defensa se muestra de manera muy relevante la fluidez de
un equipo” y añade que “un equipo que tiene bien establecidas las
situaciones de defensa y ataque, pero que tarda en ejecutar las
transiciones o muestra dudas cuando tiene que realizarlas, se convierte en
vulnerable defendiendo y previsible atacando. En el instante de las
transiciones es donde el rival puede sacar ventaja del juego”.
González y colaboradores (2007) añaden un factor fundamental para el
desarrollo del juego y la importancia de las transiciones afirmando que “las
fases de transición tendrán gran importancia en el desarrollo del juego, ya
que de ellas surgen gran cantidad de situaciones de gol”.
Casaís (2008) describe las fases de transición como “decisivas”, debido a
que ”es uno de los momentos donde la organización colectiva es más
difícil, y de su resolución efectiva se derivan gran parte de las situaciones
que desequilibran el resultado final”.
Completando las afirmaciones realizadas por Cuadrado Pino, Casáis y
González y colaboradores, Mourinho (en Oliveira y colaboradores, 2007)
explica que “los dos momentos más importantes del juego son el momento
en que se pierde la pelota y el momento en que se gana” porque se
produce una “alteración en la actitud de los jugadores. Quién se adapte
mejor, mejor conseguirá imponer su juego” (Garganta, en Amieiro 2007).
Otros autores como Menotti, Valdano, Frade (citados por Amieiro, 2007), Da
Cunha (1999) y Lillo (2003 y 2006) evidenciaban la importancia de los
momentos de transición.
Es cierto que la importancia de las transiciones no solo está sujeta a la
introducción dentro de una concepción de juego determinada, sino que, tal
y como dice Frade (2004) “Si se pone énfasis en las transiciones, la
organización colectiva tiene que ser lo más importante”, con lo cual
añadimos el desarrollo de la cultura de colectivo como elemento a destacar
dentro de las transiciones.
Así, tras las afirmaciones mostradas en el artículo, encontramos que la
importancia de las transiciones en el fútbol moderno radica en la
comprensión de cada momento de juego de manera más eficaz y veloz que
el adversario, remarcando la colectividad del juego y las decisiones, así
como el equilibrio como elemento táctico primordial.
Explicada y fundamentada la importancia de las transiciones en el fútbol,
debemos de conocer ahora los aspectos característicos propios de estos
momentos de juego.
  

Características generales de las transiciones.
“La parte básica de la transición es de carácter mental o
psicológico; la velocidad de cambio de concepto es
primordial, así como la rapidez en la toma de decisiones”
(Esnal Pardo,2008)
Tras lo expuesto en el punto de definición, es impensable definir
características demasiado específicas de las transiciones, debido a que la
concepción del juego es distinta para cada equipo técnico o entrenador.
Así, hablar de factores como presión tras perdida o salida del balón de la
zona de robo, serán principios de juego concernientes a modelos de juego
determinados, que probablemente no sirvan desde otros puntos de vista.
Sin embargo, la lógica interna del fútbol nos aporta ideas generales que
permiten reconocer los momentos de transición y la actuación de los
jugadores en esos momentos de transición. Mahlo (1966, citado por
Castelo 1999) nos ayuda en la tarea de caracterizar las transiciones
realizando la siguiente afirmación: “La resolución eficaz de cualquier
situación del juego es consecuencia de dos parámetros fundamentales: La
rapidez con la que se encuentra la solución para el problema y su
adecuación a esa misma situación”.
Es decir, el componente cognitivo es la base para la resolución de
cualquier situación de juego. En este sentido, Manuel Conde (2009), en
aplicación específica a las transiciones, encuentra en la comprensión del
ciclo de juego por parte del jugador, el elemento fundamental para la
ejecución eficaz de las transiciones. Defiende la idea de que la toma de
conciencia de la naturaleza del juego por parte del jugador, crea
predisposición al cambio de rol, y permite acortar el tiempo de respuesta.
El componente cognitivo se muestra como la piedra angular dentro de la
comprensión del juego, y en este caso específico, de las transiciones.
Pero, el componente cognitivo necesita de otros componentes para poder
adquirir la lógica contextualización, necesaria dentro del juego; necesita un
contexto de aplicación.
La creación de un modelo de juego lógico y estructurado permitirá que
todos los momentos del juego estén concatenados de manera coherente,
creando los contextos necesarios para la aplicación del componente
cognitivo. Para Amieiro (2007), el equilibrio permanente del equipo
permitirá afrontar los momentos de transición de manera más natural,
entendiéndolos como parte del juego, estando preparados para ello. A esta
afirmación, Carvalhal (2001) añade que “nadie consigue atacar bien si no
tiene el equipo equilibrado para defender (si no contempla un equilibrio
defensivo en ataque) y viceversa”.
Evidentemente, dentro del contexto de la estructura cognitiva, se enmarcan
todas las características de condicionales, coordinativas y psicológicas,
condicionando dicho componente.
González y colaboradores (2007), no realizan una caracterización general
de las transiciones, sino que describen en su artículo factores a tener en
cuenta en su desarrollo. Estos factores van a concordar con la
determinación del contexto, antes mencionado, para caracterizar la toma
de decisiones. En una adaptación de los factores propuestos por González
y colaboradores a la línea de pensamiento del artículo, destacarían los
siguientes factores:
-Modelo de juego del propio equipo.
-Espacio o zona del terreno de juego donde se produce la perdidarecuperación
del balón.
-Posicionamiento de los jugadores de ambos equipos.
-Características de los jugadores de ambos equipos.
-Modelo de juego del equipo rival.
-Momento del partido.
Los factores arriba mostrados sirven no solo para describir o concretizar
cualquier transición, sino para todos los momentos del juego, debido a que
busca conocer todos los aspectos concernientes al momento de acción.
Los elementos de las diversas estructuras antes descritas se pueden
enmarcar de manera sencilla dentro de los factores propuestos por
González y colaboradores.
Tipos de transición.
Tras lo expuesto en los apartados anteriores, es momento de realizar la
clasificación con los tipos de transición, y la descripción de estos. La
literatura específica ha señalado que el factor de clasificación de las
transiciones se basa en el cambio entre momento defensivo y momento
ofensivo, y viceversa. En base a este factor de clasificación encontramos
en dos tipos de transiciones:
-Transición defensa – ataque.
-Transición ataque – defensa.

Otros autores como Méndez Albano diferencian cinco tipos de
transiciones:
_ De defensa a ataque (Positiva).
_ De ataque a defensa (Negativa).
_ De defensa a ataque luego de una acción defensiva.
_ De ataque a defensa luego de una acción ofensiva.
_ Concerniente a cuando proviene de un balón parado.
La literatura nos ofrece diferentes clasificaciones de una misma realidad,
reflejando el modo de observar las transiciones de los autores, en base a
su propia “lógica de juego”. Pero, desde nuestro punto de vista, la
clasificación principal de las transiciones únicamente debería contar con la
diferenciación en base a la posesión del balón, pues, las acciones a balón
parado no son más que momentos de continuidad con lo posesión de
balón o perdida del mismo, con una transición más o menos rápida
dependiendo del tiempo transcurrido entre la señalización por parte del
colegiado y el inicio del juego.

A continuación, definimos ambos tipos de transiciones.
Transición ataque – defensa.
“Aquella situación de juego en la que se pierde la posesión del balón y se
deben empezar a aplicar de un modo inmediato los principios tácticos
defensivos para organizarse defensivamente y recuperar el balón”. “Al
producirse la pérdida de balón, el equipo debe cambiar la actitud ofensiva
por la defensiva ajustando las actitudes y comportamientos… de carácter
defensivo” (Lotina y Domínguez, 2006).
Lotina y Domínguez (2006) definen la organización defensiva como primer
paso para que el equipo adopte una adecuada organización defensiva, a lo
que González y colaboradores (2007), modifican aportando un punto
anterior, situado en momento ofensivo, que consiste en realizar un ataque
equilibrado, conociendo que cuando un equipo se encuentra en posesión
de balón, el siguiente paso es su perdida.
Dentro del marco teórico establecido por este artículo, definir la transición
ataque - defensa como el “momento en que el equipo atacante (conocedor
de que el siguiente paso después de recuperar la posesión es perderla)
hasta el instante de la pérdida del balón, pierde la posesión de balón y se
coloca en disposición adecuada para afrontar el momento defensivo”.
Subtipos de transición
Ambas transiciones previamente definidas son únicamente el punto de
inicio de la clasificación de las transiciones. Así, se han de tener en cuenta
otros elementos que diferencian a las transiciones en los mismos
momentos de juego; es decir, que diferencian transiciones dentro de la
transición defensa ataque, y dentro de la transición ataque – defensa.
Las subdivisiones de las transiciones se basan en diversos parámetros
tales como:
El modo de pérdida o recuperación de la posesión del balón.
_ Tras interceptación de pase.
_ Tras robo en 1x1.
_ Tras robo en superioridad numérica en zona de acción.
_ Tras robo en inferioridad numérica en zona de acción.
_ Tras ABP.
•Saques de banda.
•Faltas y saques de puerta o esquina.
La velocidad de la transición.
_ Lenta.
_ Media.
_ Rápida.
Zona donde se produzca el cambio de posesión del balón.
Zona de Inicio.
Zona de canalización.
Zona de finalización.
Distribución del equipo.
_ Equilibrado.
_ Desequilibrado.
Estos cuatro apartados reflejan la naturaleza de las transiciones,
mostrando que, si bien nunca ocurren dos momentos de juego iguales,
tampoco ocurren dos transiciones iguales. Las subdivisiones sirven para
ayudarnos en la comprensión teórico-práctica del juego, y para ayudarnos
en la mejora diaria a través de la observación de la realidad.
Conclusión.
Las transiciones en el fútbol, son momentos del juego forma parte de la
lógica interna del propio juego, y como tal, deben formar parte del proceso
de preparación a la competición. Este artículo ha mostrado las transiciones
de una manera lógica y estructurada, mostrando conceptos ya existentes
en la literatura, y desarrollando nuevos enfoques en base a las nuevas
perspectivas de comprensión del juego.
Elementos tales como los posibles principios de juego aplicados en las
transiciones, las transiciones en diferentes modelos de juego, o la
aplicación práctica y constructiva de las transiciones, serán abordados en
futuras publicaciones.
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