sábado, 7 de julio de 2012

Brendan Rodgers o el espíritu de Guardiola en Anfield.



Brendan Rodgers convirtió una circunstancia adversa (la lesión que le obligó a colgar las botas a sus 20 años) en una gran oportunidad para formarse como técnico. Desde sus inicios en los banquillos en las categorías inferiores del Reading tuvo claro su punto de partida: “Mi idea del fútbol está basada desde que era un entrenador joven en el modelo del Barcelona”. Así, textualmente, inició el norirlandés una charla reposada que mantuvimos el pasado mes de enero en su ordenado y pequeño despacho de las modestas instalaciones de entrenamiento del Swansea. Su devoción hacia la entidad culé le llevó durante una época a realizar cuatro visitas anuales a La Masia, sobre todo en la etapa de Frank Rijkaard, representante de la otra escuela que sustenta su filosofía futbolística: la holandesa.
Antes de dirigir a Swansea, Reading y Watford, completó su preparación como integrante del stafftécnico de Mourinho en el Chelsea. “Aprendí de José muchas cosas sobre fútbol, mentalidad y psicología, pero tengo mi propia identidad. Me gusta ganar, aunque me gusta ganar bien, con un estilo”. Ese matiz explica su gran respeto por Pep Guardiola, al que califica como un entrenador fenomenal, pero recalcando que también cogió mucho de su amigo y ex jefe portugués.

NO SÓLO UN ENTRENADOR
En el Swansea, Rodgers ha cumplido el sueño de ser un manager de Premier, aunque haya sido en algunos aspectos con unas limitaciones impensables en un club de ese nivel. En los últimos dos años ha tenido que multiplicarse. Por ejemplo, entre sus numerosas funciones como manager, planificaba con un mes de antelación los viajes del primer equipo. Además, se ha visto obligado a tirar de contactos para reforzar al equipo y realizar las tareas de scouting, donde apenas contaba con colaboradores. Pero no consideraba prioritario que la entidad galesa tuviera que crecer en este ámbito: “A veces, más es menos”. Estos detalles, a priori irrelevantes, ayudan a contextualizar su fichaje, arrojando luz a los motivos, aparte de los evidentes, que podrían haber empujado a Brendan a dar el sí a los dueños del Liverpool y posiblemente aceptar determinadas condiciones. El tiempo demostrará si en Anfield, como parece, no tendrá que dedicar tanta energía a tareas ajenas a las de un entrenador al uso. Incluso hasta puede venirle bien en un ambiente de tanta presión y exigencia como el que se va a encontrar.

 Si le pides al norirlandés que defina brevemente su prototipo de equipo, te dirá tres conceptos: ofensivo, creativo y con disciplina táctica. En él, todo arranca de la premisa de controlar los partidos a partir de la posesión, sacando el balón jugado desde atrás, con paciencia y ensanchando el campo para utilizar la velocidad en las bandas, con el objetivo de llegar con bastante gente al área contraria. Sin olvidar que a sus jugadores les exige un ritmo elevado, tanto en la faceta ofensiva como en la defensiva, en la cual considera primordial la agresividad y la presión alta, con un trabajo colectivo encaminado a recuperar cuanto antes la iniciativa. Porque está plenamente convencido de que la mejor defensa posible es tener el balón.
Sus entrenamientos, sesiones no muy largas pero sí intensas, se centran en ejercicios de posesión y posición, muchos en espacios reducidos, con la pretensión de incidir directamente en las señas de identidad que quiere para su equipo en los partidos. Aunque su foco de preocupación ilumina a sus propios jugadores, también analiza con detalle a los rivales, destinando el día anterior y las horas previas a cada encuentro para las sesiones de video y charlas técnicas.
Rodgers posee personalidad y carisma para liderar un vestuario, donde no renuncia a un trato relativamente cercano con los futbolistas, a los que respalda en público de manera firme, individual o colectiva, cuando la situación lo requiere. En el Swansea consiguió que el grupo, solidario dentro y fuera del campo, estuviera siempre por delante de cualquier nombre. Sin embargo, tal vez con un mayor número de egos en su plantilla encuentre más problemas si repite su práctica de utilizar un bloque reducido de habituales en las alineaciones. Asimismo, cabe destacar en esta línea que no siempre agota las sustituciones, apurando en bastantes ocasiones la entrada de jugadores de refresco.
  
El nuevo manager ‘red’ es un profesional idóneo para darle un proyecto a medio-largo plazo con confianza plena por parte de los dirigentes para buscar el qué pero de la mano del cómo. Una de las incógnitas por despejar es si los dueños y el entorno de su nuevo club van a tener paciencia en caso de que los inicios no respondan a la enorme exigencia que requiere la historia del Liverpool. Otra, comprobar si el norirlandés amoldará en mayor o menor medida su sistema y filosofía de juego a la plantilla que tenga o si, como apunta la lógica, tratará de instaurar su sello, seguramente de un modo paulatino y siendo consciente de que no puede construir un equipo a imagen y semejanza del Swansea que ha modelado. Sea como sea, son nuevos alicientes para seguir de cerca al nuevo Liverpool de Brendan Rodgers y la Premier League 2012-13.

Autor: Pablo Gomez.

                                                           Óscar Méndez Albano.

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